En primer lugar se realiza una observación general de los iris, lo cual nos aporta información sobre la constitución y su genotipo. Lo que nos puede indicar una predisposición clara a un tipo determinado de alteraciones.
Según la ubicación del signo, sabremos a que parte puede corresponder. El tipo, forma, tamaño, color y la ubicación dentro de la zona de proyección nos aportan una información vital del tipo de alteración que se puede tratar. No obstante, podemos contrastar la información si existen signos complementarios.
Para poder conocer la alteración es imprescindible conocer la información que nos brinda los signos.